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¡MI JEFE ES UN PSICÓPATA!

No es de extrañar que narcisistas, megalómanos, corruptos y mentirosos codicien los puestos directivos más altos en las empresas, pero lo que es sorprendente es que algunos estudios internacionales hayan constatado que, efectivamente, este perfil de personas abunda entre los altos cargos empresariales ¿La economía está en manos de psicópatas? ¿Nos tenemos que preocupar? ¿Qué se puede hacer? Vamos a verlo.

Psicópatas.

Empecemos puntualizando qué es la psicopatía. La psicopatía es una alteración del comportamiento perfectamente descrita en Psicología Clínica que, gracias a las películas y a las series de ficción, tiene una imagen popular profundamente distorsionada, un psicópata no es necesariamente un asesino en serie calculador, perfeccionista y despiadado. En 1941, el psiquiatra americano Hervey M. Cleckley vio a la psicopatía como una máscara que algunas personas usan para aparentar salud mental y describió a las personas con psicopatía como amables y espontáneos en su comportamiento social externo; a la vez que impulsivos, arrogantes, dominantes, manipuladores y mentirosos. A partir de 1970, el psicólogo canadiense Robert Hare se convirtió en una referencia mundial en el estudio de la psicopatía humana y estableció que la psicopatía tiene 4 facetas. La primera es la interpersonal e incluye ser manipulador, megalómano, parlanchín y embaucador; la segunda es la afectiva que incluye ausencia de sentimientos de culpa y de empatía. La tercera faceta se refiere al comportamiento y se caracteriza por la impulsividad y por un estilo de vida errático y parasitario y la cuarta es la antisocial, fundamentalmente, cometer delitos y meterse en líos.

Para diagnosticar la psicopatía profesionalmente existe un procedimiento que especifica 20 aspectos diferentes que se pueden puntuar como 0, 1 o 2 y si la suma es igual o superior a 30 se diagnostica psicopatía. No es necesario puntuar en todos los aspectos, con llegar a 30 es suficiente. Lo que sucede es que algunas personas llegan a esos 30 puntos fatídicos en unos aspectos, puntuando cero en el resto y en otras personas puede pasar al revés. Por ello, de hecho, puede haber psicópatas muy distintos entre ellos; por ejemplo, a parte del asesino calculador de las películas (extremadamente minoritario), podemos encontramos al estafador, que no utiliza la violencia sino el engaño para quedarse con el dinero de los demás, al pequeño delincuente reincidente incapaz de aprender de sus errores y de prever las consecuencias de sus actos o la persona de negocios extremadamente calculadora, siempre al filo de lo legal, cuyo único interés es su máximo lucro sin preocuparse de lo que pase con el resto de personas involucradas en sus negocios. Todos tienen en común la falta de empatía y el engaño, pero son perfiles muy distintos. Los psicópatas pueden ser violentos, pero no todos lo son. Algunos psicópatas actúan sin pensar, otros planifican detalladamente. Muchas veces los psicópatas comenten delitos y se pasan media vida en la cárcel, pero otros se adaptan y se ganan la vida trabajando o viviendo del cuento.

Sin embargo, por suerte, los psicópatas no pasan de ser el 1,5% de la población general. Entre la población reclusa el porcentaje de psicópatas llega hasta el 20%, esto quiere decir que, aunque los psicópatas abunden entre las personas que han cometido delitos, la mayoría de los delincuentes no son psicópatas. Asimismo, no todos los psicópatas acaban en prisión, como hemos visto hay muchos perfiles. En un conocido estudio en el que participó el propio Hare, se halló que entre los altos directivos de grandes empresas hay un 3,9% de directivos psicópatas, no es el 20% de las prisiones, pero es 2,6 veces más que en la población general. Es para preocuparse, pero no para pensar que todos los directivos sean mentirosos y calculadores.

Es difícil tratar la psicopatía porque es un rasgo de personalidad permanente. Sin embargo, una persona con psicopatía puede aprender lo que se considera bueno o malo socialmente y adaptarse a las normas, puede aprender a portarse bien para evitar el castigo, aunque nunca entenderá porqué es importante hacer el bien.

La tríada oscura: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.

Este porcentaje del 3,9 de psicópatas en puestos directivos corresponde a las personas que superaron el punto de corte de 30 puntos al que nos hemos referido ¿Y el resto? Un 80 por ciento de los directivos tuvieron una puntuación de 3 o menos, o sea que no tenían nada de psicópatas, pero el resto, o sea el 16,1%, tenía una puntuación entre 4 y 29, es decir que manifestaban diversos grados de psicopatía. La existencia de un grupo de personas que se sitúan entre la psicopatía y su ausencia, llevó al psicólogo canadiense Delroy L. Paulus a identificar, junto con Kevin Williams, lo que llamaron la tríada oscura; constituida por narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Observaron que existe un grupo de personas que, sin llegar a tener un grado de psicopatía alto, tenían algunos de sus rasgos acompañados de narcisismo, es decir una autoestima exagerada y maquiavelismo que es la tendencia a manipular a la gente para conseguir sus fines sin reparar en nada: adulando, engañando o mintiendo. Se ha podido demostrar que estos empleados narcisistas y maquiavélicos llegan antes a los cargos directivos en el mundo de la empresa que las personas integras y honestas, y también que el grado de narcisismo entre las personas que se dedican a la política, o que se quieren dedicar a esta actividad profesionalmente, es mayor que en la población general. Según el Dr. Kevin Dutton, investigador de la Universidad de Oxford, las diez profesiones con más psicópatas, en diversos grados, son los directores ejecutivos, abogados, personalidades de radio y televisión, vendedores, cirujanos, periodistas, agentes de policía, miembros del clero, chefs y funcionarios públicos. En mi opinión, puede hacer más daño a la sociedad, un grupo amplio de un 16% de personas con sólo algunos rasgos de narcisismo, que un reducido 3,9% de psicópatas declarados, especialmente porque estos últimos llegan antes a crear conflictos y ser desenmascarados.

Los cómplices de los psicópatas.

Recordemos la psicopatía fue identificada en un principio como una máscara. Los psicópatas, narcisistas y maquiavélicos son simpáticos, encantadores y caen bien, por lo que el ascenso de este tipo de personas puede ser facilitado por actitudes de admiración y simpatía del resto de compañeros y supervisores que son embaucados por estos narcisistas simpáticos.

Gerben van Kleef y un grupo de colaboradores de la Universidad de Amsterdam publicaron un curioso estudio de psicología social en el que se demostraba que, en el fondo, se llega admirar al tramposo. En una serie de ingeniosos experimentos los participantes observaban y valoraban el comportamiento de personas que cometían infracciones como tirar porquería al suelo, poner los pies en las sillas de un lugar público o no devolver los libros a una biblioteca. Estas personas en realidad eran actores contratados por los experimentadores. Los resultados indicaron que los infractores provocaban desaprobación en los espectadores, pero, a la vez, se les percibía como más poderosos que los que complican las normas. Esto lleva a una inquietante conclusión, no es que cuando se tiene poder se tenga la tentación de no cumplir las normas, sino que se cree que el no cumplir las normas es un signo de poder.

Pero no todo son malas noticias, Gregorios Lamprinakos de la Universidad de Birmingham, al frente de un equipo de internacional comprobó que, efectivamente, cuando una persona se cree con poder se siente más inclinada a mentir o a hacer trampas, o sea que el poder corrompe, pero solo si previamente ya tenían una actitud favorable hacia el engaño. De hecho, cuando las personas contrarias a la mentira y al engaño se sienten con más poder, incluso mienten menos que cuando no tenían poder.

La mentira y el engaño es el producto de tener el poder juntamente con una tendencia personal hacia el engaño. Es una interacción entre la personalidad y las circunstancias.

¿Qué hacer?

Bueno, la primera acción es ser sensible al problema y mejorar la detección de la psicopatía y de la tríada oscura en los procesos de selección de personal para evitar contratar a personas con estos rasgos.

Sin embargo, evitar la contratación de psicópatas no es la única vía. Esto eliminaría el pequeño porcentaje de psicópatas que tienen realmente un trastorno. Pero no es tan fácil eliminar a ese 16% de personas narcisistas y maquiavélicas con diferentes grados de psicopatía que no llegan a ser casos clínicos. Ante todo, porque son buenos simuladores y saben engañar y, luego, porque estas personas generan problemas cuando tienen ocasión, cuando han llegado a tener poder, no necesariamente antes.

Según Brian Klaas de la University College de Londres, la solución es la transparencia. La historia nos ha enseñado consistentemente que las personas que saben que están siendo vigiladas se comportan mejor. En las organizaciones empresariales, administrativas y políticos actuales, son los trabajadores los que son más examinados, evaluados y escrutados, no los cargos directivos. Resulta que las personas más vigiladas en las empresas suelen ser aquellas que tienen menos probabilidades de causar daños graves. Sin embargo, las salas de juntas permanecen opacas.

El mundo sería un lugar mejor si las personas con cargos directivos actuasen sabiendo que cada uno de sus movimientos y decisiones está siendo examinado minuciosamente, ya sea por auditorías internas en algunos aspectos, ya sea por una política de transparencia corporativa en otras ocasiones.



Jordi Fernández Castro
Profesor Emérito
Universidad Autónoma de Barcelona


Domingo, 12 de enero de 2025

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