Plataforma Laboral Life

Plataforma Laboral Life


LA FELICIDAD EN EL TRABAJO

El día mundial de la felicidad es el 20 de marzo de todos los años, bajo el patrocinio de la ONU, que lo viene celebrando ininterrumpidamente desde el año 2013 “para conmemorar la importancia que tiene la felicidad en el desarrollo y bienestar de todos los Seres Humanos”.

Es un concepto que se puede extender al mundo de lo laboral porque trata de concienciar sobre la importancia de la salud mental en el trabajo, y promover el bienestar de todos-as.

La felicidad no es un estado etéreo sino que el trabajador puede percibir el sentido trascendente que tiene su trabajo, y tomarla en consideración de ese modo, con una novedosa visión de lo que hace y del por qué (“Job Crafting”) que merece la pena impulsar desde la prevención laboral.

La felicidad en el trabajo más que un hecho mensurable, que no lo es, es trazar un camino de mejora y excelencia en las tareas que le satisfagan al trabajador-a finalmente, y ello se puede medir experimentalmente por generación espontánea de parámetros biológicos en sangre de neurotransmisores conocidos como la serotonina, y la oxitocina, que crean la base científica del bienestar, o el sentirse bien.

El famoso psiquiatra Viktor Frankl que estuvo preso en varios campos de concentración nazis en la II Guerra Mundial dejó escrito :

“El éxito como la felicidad no puede perseguirse, debe ser un resultado, un efecto secundario involuntario de la dedicación personal a una causa más grande que uno mismo”

El trabajo cumple en todos y cada uno de nosotros no solamente un “modus vivendi” por una parte, sino que por otro lado, pone a prueba una escala de valores consustanciales con nuestra existencia como seres humanos, y que se expresan con nuestras conductas específicas, sin juzgarlas a priori, tanto en el medio laboral como fuera de él.

Los grandes autores que han hablado de la felicidad como Martin Seligman (USA, 1942) en su perspectiva Positivista, habla en sus relatos científicos de conceptos como el compromiso, las relaciones significativas y constructivas, el significado de las cosas, y de las emociones positivas, entre otras.

La felicidad es un más allá que la satisfacción con lo que se hace, y casi siempre lo que se hace no es por voluntad propia, sino por otros intereses de producción y sostenibilidad empresarial, por otra parte respetables en un contexto de libertad de empresa, presente en nuestra Constitución Española (art.38), pero el cariz que lo diferencia es que aquélla tenga un “sentido”.

Unamuno, hablando de la felicidad, dice “credo quia consolans”, que traducido es “creo porque es cosa que me consuela”, y en toda tarea profesional por dura que sea siempre se da esta paradoja, el sentir satisfacción personal aunque el acto no sea reconocido. El psicólogo alemán, Karl Bühler (1879-1963) habla de “goce de la función”, y que el “acto de la creación produce alegría”. El equilibrio entre la autonomía, junto con el apoyo social, son esenciales en la generación de la satisfacción personal con lo que se labora, en definitiva en la producción de bienes materiales y/o intelectuales que comporta toda tarea. Una definición catalana de salud, que me gusta, adopta los términos de “autonomía, solidaridad y goce” (Dr. Jordi Gol, Perpignan 1976), como esenciales en el bienestar individual y en su persistencia.

Aquella novela que escribió Aldous Huxley, Un mundo feliz (1931) no es factible hoy en día, porque sería describir un mundo ilusionante y encantador, pero carente de sentido e irreal, no aplicable al mundo del trabajo del que hablamos.

Dicen que la sociedad finlandesa es la más feliz del mundo, y así ha sido elegida (ONU, 20/3/2024) y no hay porqué dudar de ello, pero me parece más destacable la opinión del autor y dirigente checo, Vaclav Havel :

“la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar su resultado final”

El mundo del trabajo está viviendo una etapa de cambio profundo que se ha dado en otras ocasiones a lo largo de la historia de la Humanidad como cuando pasaron los homínidos primitivos desde el dominio de los animales domésticos al cultivo de la agricultura por ejemplo, o de la Edad Media al Renacimiento, y la Ilustración, o más recientemente, y hace escasamente 200 años de ello, de la incipiente época preindustrial anglosajona a la actualidad, y porqué no decirlo también, desde la actual implantación de la Inteligencia Artificial (IA), que reorganizará nuestra manera de discernir, todo ello involucra a la escala de valores que percibimos, sacando el mejor provecho de las experiencias vividas, tanto las positivas como las negativas, que nos permiten seguir creciendo (Resiliencia), porque de lo contrario, los índices de absentismo en las empresas, hoy próximos al 5,5-6 %, por ausencias difícilmente explicables con nitidez, e incremento oneroso de la siniestralidad laboral, que a mi juicio, van a ser difíciles de controlar en un próximo futuro.

El agotamiento emocional, “ burn out“ o “surmenage” como dicen los franceses, está haciendo mella en nuestra sociedad postindustrial y de servicios, y de una forma drástica desde la postpandemia, que sobrepasan los resortes que la prevención laboral puede ofrecer hoy tal como está diseñada y puesta en escena en toda la UE, en mi opinión. Las últimas estadísticas de accidentabilidad laboral no acompañan a una visión más plácida al respecto, y por ello tienen que ser mejorables en años sucesivos, con otros recursos novedosos, como los de creatividad, y el asombro por algo que cautive y motive en las tareas, así como la amplitud de miras en el desarrollo de los recursos de prevención laboral que siempre tratan de subsanar lo que no se ha podido hacer hasta entonces, pero que siempre se pueden mejorar.

Las generaciones laborales más jóvenes, como la generación Zeta, está percibiendo este enfoque de forma diferente al resto, y la renuncia silenciosa (“quite quitting”) viene a ser una respuesta tácita de protesta ante una situación que merma su autonomía y derecho al bienestar que los franceses catalogan incluso jurídicamente como una de las modalidades de la reparación moral del daño (préjudice d´agréement), exigiendo acotar las excesivas exigencias de sus tareas, que acabarían en una pérdida de salud individual de persistir en ellas.

Las competencias y habilidades deseables para una productividad óptima hay que formarlas y entrenarlas (“training”) previa y eficientemente, sin que impliquen por ello una pérdida de salud en el empleado-a, a corto y/o a largo plazo.

También la Declaración de Independencia de los EEUU (4 julio 1776) habla de la “Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”, para todos, sin discriminación.

La felicidad no puede ser mercantilizada en ningún momento porque tampoco es tangible hacerlo, y por ello, cualquier intento de encorsetarla a unos determinados patrones sería falaz y falto de ética, así que no se puede vender o comprar ”la felicidad” como se vende una maquinaria, ó un cuadro.

La felicidad en el trabajo es un bien que hay que cultivar todos los días, en todos los momentos, y en todas las circunstancias personales, con todos-as los empleados-as, antes de que surta fruto, a sabiendas que ese fruto no es mensurable, y se genera por mimetismo en las buenas prácticas, empatía, comunicación franca, modos de obrar y conductas ejemplares, y con sabiduría se prolonga a los demás.



José María Aguirre Fdez. de Arroyabe
Médico especialista en medicina del trabajo,
Prevencionista PRL, y Graduado Social


Domingo, 09 de marzo de 2025

Regresar